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29/12/2009

En kayak, con los Annapurnas de fondo (Diario de Navarra)



Dos guías navarros dirigieron una expedición por varios ríos de Nepal, en los que descendieron con piraguas sobre sus aguas con algunas de los montañas más altas del planeta como telón de fondo

ASIER GIL . PAMPLONA Lunes, 21 de diciembre de 2009 - 04:00 h.
DESCENDER un río en kayak viendo de fondo el macizo de los Annapurnas tiene que ser algo especial, una sensación que se te queda clavada en la memoria, como ese recuerdo que siempre intenta salir a flote. Te empuja para regresar a ese país que te fascinó y cuyos ríos te atraparon. Buscar nuevos objetivos se convierte entonces en esa meta a perseguir, como navegar por el Sun Koshi, a través de sus aguas procedentes del Everest. Todavía quedan retos.

Es el sueño de dos guías navarros que volvieron hace unas semanas de una expedición por varios ríos de Nepal. Descendieron en piragua el Bhote Kosi, el Uper Bhote Kosi, el Tamba Kosi, el Marsyandi, el Seti y el Tamur. A Asier Oteiza Gorritxo, pamplonés de 29 años, y Fermín Pérez Larrea, también de la capital navarra y de 28 años, les costó más de dos meses organizarlo todo para que nada saliera mal. Pero mereció la pena. Mereció mucho la pena.

"Más o menos, escuchas cosas y te haces una idea de lo que puede ser Nepal, pero cuando llegas allí, es todavía más impresionante. Es un país precioso, y el poder ver de fondo el Kanchenjunga o el Makalu..., el poder bajar por ríos con aguas de esas montañas...". Oteiza no encuentra las palabras.

"Trekking" y "rafting"

Doce personas compartieron con ellos parte del viaje. Después de cuatro días de un trekking que los llevó hasta cerca de 3.000 metros de altura, botaron dos barcas de rafting en el río Tamur, por el que descendieron durante seis días. Les ayudaron un guía de Durango, Txus Ruiz de Erentxun, de 39 años, y un nepalí, Achut. La historia de este último, su modo de vida, servirá incluso para que una productora vasca realice un documental.

"Todos acabaron muy contentos y con un buen sabor de boca, porque, sobre todo, nada había salido mal -explicó Oteiza-. Imagínate que hubieran tenido que pasar una noche de penurias o que se hubiese perdido un bidón con comida y hubiéramos tenido que racionarla. Eso hace que a la gente le cambie el carácter, y al final son esas pequeñas cosas las que determinan si una expedición ha salido bien".

Acampaban en las playas de arena que se formaban en los meandros del río, y recogían leña de lo que habían arrastrado las aguas durante el monzón. A la luz de las hogueras, la estampa es de las que dejan huella.

El resto de ríos los descendieron en solitario, porque el nivel exigido era demasiado alto, pero tampoco en ellos sufrieron percances. Si no, tocaba improvisar, y una noche acabaron durmiendo junto a una familia que les abrió las puertas de su casa.

Por el día, había que disfrutar "como enanos" sobre el agua, como si esos momentos no fueran a repetirse nunca más. Pero tanto Oteiza como Pérez Larrea ya planean en sus cabezas nuevas expediciones. Insisten. "Todavía quedan retos".

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