Después de unos días sin poder escribir nada por falta de conexión, intentaremos poneros al día de cómo va la expedición, ya con todos los participantes, con lo que la expedición queda compuesta por 17 aventureros, a los que hay que sumar los 5 nepalíes que nos acompañan. Tras salir de Katmandú, y después de un viaje en autobús hasta la localidad de Basantapur, nos pusimos manos (o mejor pies…) a la obra con el trekking del Kanchenjunga, tres días intensos hasta la localidad de Doblan, por un fascinante escenario de poblados de montaña donde se mezclan las distintas etnias y castas que habitan estas tierras, siempre acogedores y amigables.
En esta parte de Nepal, donde apenas hay turismo, las aldeas y granjas que vemos a lo largo del recorrido han permanecido inalteradas a lo largo de los siglos, representando la esencia del Nepal rural en un auténtico retorno al pasado. El viaje nos lleva a través de espectaculares bosques de rododendros y altas praderas verdes salpicadas de flores, increíbles a la puesta de sol, hasta alcanzar los 3.400 m., con magníficas vistas del Kanchenjunga, el Makalu y el Everest, descendiendo a continuación hacia el Valle del Tamur. En resumen, intensos días de trekking por senderos increíbles, rodeados de los gigantes del Himalaya, y aunque ha hecho mucho frío, el calor del grupo y de la convivencia lo compensaba con creces.
Tras pasar la noche en Doblan, iniciamos con muchas ganas el descenso del Tamur. El equipo está formado por 4 rafts (2 de carga y otros 2 con los expedicionarios), acompañados por 3 kayaks de seguridad. En este momento estamos en el tercer día de descenso, atravesando verdes paisajes salpicados de colinas, con pequeños pueblos dedicados al cultivo de arroz y legumbres, en una agricultura de subsistencia, con cuyos pequeños excedentes comercian los lugareños entre las pequeñas aldeas.
Y cada noche, finalizamos el descenso en playas impresionantes, montamos el campamento y nos ponemos a preparar la cena (se prepara de forma comunal, con turnos formados por diferentes equipos, lo que convierte la cocina en uno de los centros sociales del viaje), que da paso a la reunión final del día en torno a la hoguera, donde comentamos los sucesos y anécdotas de la jornada, a la vez que Txus cuenta algún chiste. Como son jornadas intensas, y hay que levantarse muy temprano (salimos a las 7 de la mañana), hacia las 8,30 ó 9 de la tarde todo el mundo se va a la cama.
La grabación del documental va bien, reflejando los rápidos más emocionantes, con entrevistas a los nepalíes que nos acompañan y a los lugareños que encontramos en las aldeas, cada una de ellas con su puente característico.
Todavía nos quedan unos cuantos días de río, así que esperamos poder contaros más cosas según vaya avanzando la expedición.
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